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EL NÚMERO 137 - por José Alvarez López

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EL NÚMERO 137 - por José Alvarez López

Mensaje por Alejandra Correas Vázquez el 16/10/2011, 00:05

EL NÚMERO 137
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Por José Alvarez López

Una de las ironías del destino es que los contemporáneos desconocemos las obras que la posteridad considerará como las mejores. Lo que hoy reverenciamos será olvidado mañana y lo que en el futuro maravillará de nuestra época es lo que pasa inadvertido para nosotros.

Hago estas reflexiones pensando en el descubrimiento de un joven físico español que ha encontrado lo que podríamos considerar como la más recóndita intimidad de la materia. Es algo que penetra y llega más adentro que las partículas del protón, que es decir mucho. Algo que estaría en el interior del “quark” si es que el quark realmente existe. Un hecho que logra una unificación de los distintos aspectos de la naturaleza con el que soñaron los físicos pero que ninguno vio realizado. En suma, se trataría del número recóndito de la creación, dicho esto, con un sentido físico y metafísico.

No obstante todo lo dicho, no se trata de una simple teoría sino de hechos vinculados a la práctica de la ciencia, una verdadera creación de laboratorio. Algo que no es posible discutir por tratarse de hechos concretos. Pero cuya significación lo constituyen, en mi opinión, en uno de los grandes hallazgos del siglo XX, tan pródigo, por otra parte, en increíbles hallazgos.

Como no es fácil explicar un hecho desconocido para la mayoría, comenzaré historiando la evolución del tema. Para ello debo remontarme a la más importante publicación del gran físico inglés Arthur Eddington que lleva por título “Teoría Fundamental” y en la cual el aludido físico pretende tener el esquema del universo en su conjunto en un par de simples fórmulas que él había obtenido en forma puramente teórica.

El fundamento e la cuestión era, sin embargo, un número surgido de numerosos experimentos y que constituía algo así, para Eddington, como el “Número del Universo”. En efecto el número 137 (llamado por los físicos “constante de estructura fina”) era para Eddington la clave que podría explicar el misterio de la naturaleza y disposición.

La teoría de Eddington no tuvo el éxito ni la repercusión que esperaba su autor y hoy los físicos se han olvidado de ella. La pretensión de Eddington, por otra parte, no podía realizarse porque dicho número tenía vinculación sólo con una estructura particular de la óptica electrónica, y el universo presenta muchos cientos de otros aspectos y fenómenos en los que no aparece el susodicho 137.

Pues bien, la importancia del descubrimiento del físico español doctor Francisco Cuesta Benito (Universidad Complutense de Madrid) radica en haber probado que el número 137 aparece asociado a todos los fenómenos físicos conocidos. Hasta ahora conocíamos, por así decirlo, “un” 137 obtenido del estudio por Sommerfeld de la estructura fina de las líneas espectrales (es decir referido a un único fenómeno físico); pero Cuesta Benito ha logrado obtener dicho número 137 a partir de todos los fenómenos físicos conocidos.

En este momento los físicos conocen un total de 22 “constantes universales” obtenidas del conjunto de millones de experimentos por ellos realizados durante siglos de trabajo y experimentación. Algo así como la “quintaesencia” de la labor del físico trasuntada en números con su respectiva denominación y dimensión. Por la combinación de estas 22 constantes —vale decir con el concurso de la totalidad de los fenómenos físicos conocidos— es posible obtener 18 veces diferentes el susodicho número tan apreciado por Eddington.

Es evidente que sólo ahora puede concretarse el sueño de Eddington, pero al mismo tiempo debe uno maravillarse de la intuición de este genio que había previsto tan grande porvenir para este simple y solitario número “primo” compuesto, a su vez, por tres números primos. Un número de una pequeñez y una modestia insondable y no obstante elegido, por algún designio misterioso del destino, como el número destinado a constituirse en la esencia del acontecer universal del mundo físico.

Lo primero que salta a la vista, y resulta evidente, es la tremenda homogeneidad del universo en donde los fenómenos más dispares, como el calor que irradia una lámpara, el sonido de una campana, la luz que nos llega de una estrella, una brújula que indica el norte, el oxígeno consumido por un viviente, en fin, todos los hechos conocidos de la naturaleza desde el vuelo de un mosquito a la bomba atómica, están todos vinculados a este “cordón umbilical” único que es el número 137 .

Con este descubrimiento del físico español se realizan muchos sueños y anticipaciones. El afán de los físicos de todos los tiempos fue descubrir la “última de las causas” o si se prefiere, la causa más remota y originaria. Cuando hacia 1820 Prout descubrió el átomo —que hasta entonces había sido una teoría filosófica— se pensó que se había llegado al final de la escala. Por ello se lo bautizó ”a-tomos” que en griego que en griego quería decir “lo que ya no se puede cortar”.

Pero para finales del siglo XIX, Lord Kelvin encontró que se lo podía cortar en dos: un núcleo positivo y un pequeño electrón negativo que revoloteaba como un planeta en torno al núcleo. Más tarde, cuando se descubrió el neutrón se encontró que se podía también ir más allá del núcleo. Después vino la multitud de partículas nucleares que hoy conocemos (más de 400 en este momento) y se formuló la hipótesis del quark que sería algo así como el constituyente universal de todas las partículas.

Pero lo extraordinario del descubrimiento de Cuesta Benito es que nos muestra que detrás de todas estas realidades materiales, y como un inmenso telón de fondo, se encuentra un infinito número de 137.

Todo esto provoca en la mente que quiere inquirir algo más sobre el misterio del universo en que vivimos, infinitud de preguntas, y una de las tantas que pueden formularse al respecto es si esta realidad constitutiva de “números puros”, que forman la verdadera armazón de lo que llamamos mundo físico, no es la demostración de aquella tesis de los pitagóricos que sostenían que todo lo que vemos del universo son meras apariencias porque toda realidad está constituida únicamente de números...

Otro genio moderno fue sin lugar a dudas Bertrand Russell. Una de las cosas que le preocupaban era el creciente pitagorismo de la física moderna. Dijo: “Lo más sorprendente de la física moderna es su retorno al pitagorismo”. El descubrimiento de Cuesta Benito es el retorno total sin ambigüedad y sin eufemismo a aquella antigua y sorprendente escuela filosófica que daba objetividad al número y lo convertía en la materia prima del universo.

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Alejandra Correas Vázquez

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