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CELEBRANDO LA VIDA,SOLSTICIO DE JUNIO

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CELEBRANDO LA VIDA,SOLSTICIO DE JUNIO

Mensaje por yo soy el 21/6/2010, 00:41






Celebrando la Vida. Solsticio de Junio.
El mes de junio del 2010, marcara el comienzo de un periodo muy activo,
en que la conciencia colectiva de nuestro planeta se transformara y
cambiara a un ritmo muy acelerado.

Habrá una serie de emanaciones de energía que conducirán al nacimiento de un nuevo cielo y una nueva tierra.

El Solsticio del 21 de Junio, el cual podemos celebrar el domingo 20; será un portal de gran energía sanadora.

Celebremos todos juntos y traigamos sanación a nuestra comunidades y a todo ser vivo en nuestro hermoso planeta.

El eclipse parcial de luna llena del 26 de Junio, producirá una
alineación en gran cruz, este activador cósmico o patrón planetario es
un punto de inflexión donde la energía de nuestros corazones se
activara poderosamente, ayudándonos a recordar nuestra verdadera
naturaleza esencial.

Alinearnos con el verdadero propósitos de nuestras propias vidas, y toda la humanidad.

Celebremos estos días tan especiales.

Para saber más te invitamos a visitar este blog.
http://circulodecontacto-celebrandolavida.blogspot.com/

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Re: CELEBRANDO LA VIDA,SOLSTICIO DE JUNIO

Mensaje por itsaso el 21/6/2010, 08:28

comparto ésto con vosotros, para mayor información del tema y la celebración pagana del solsticio .

Solsticio de Verano, aproximadamente el 21 de Junio, el Sol entra en Cáncer. Es una festividad pagana solar que fue adoptada por la Wicca (entendiendo por Wicca el modelo actual, iniciado por Gérald Brosseau Gardner en los años 50 del s. XX ). Por tanto, es un Sabbat Mayor en las tradiciones druídicas (entendiendo el druidismo moderno, también ) y un Sabbat Menor en la Wicca. Fue adaptado por el cristianismo a través de la festividad de “San Juan”. La festividad de Litha está también estrechamente relacionada con el elemento Agua ( el Sol en Cáncer), hecho que se recogerá en la tradición popular cristiana ( San Juan es el Bautista).

Litha honra el poder del Sol como portador de vida y calor, purificador, redentor y sanador; en su punto álgido, antes de empezar a decaer. Es una celebración alegre en la que se festeja principalmente al Dios, ya que a partir de este momento su poder empezará a declinar. En este dia se acostumbraba a encender grandes hogueras y saltar por encima o danzar a su alrededor; también , según el folklore regional, se encendían grandes ruedas de paja que se hacían rodar por las laderas de las montañas hasta que se apagaban al caer en un río, estanque, etc. Es una festividad propicia para purificaciones y los conocidos ritos de “buena suerte”, para entrar en contacto con seres de la naturaleza, curaciones, y sobre todo para rituales amorosos (tal vez por esa combinación fuego-agua).

Litha es un momento de alegría, de manifestación y realización de deseos. Así como Yule se celebra en el hogar, en un entorno íntimo, Litha es el momento de salir a festejar al aire libre en compañía de otras familias, amigos, vecinos, etc. Entre las prácticas comunes de Litha, además de las danzas y saltos de hoguera, se encuentra la recolección de plantas y hierbas que en esta noche potencian sus poderes mágicos o medicinales, así como de aguas de determinadas fuentes o lagos con la misma intención. También es conocida la recolección del rocío de la mañana de “San Juan

© Vaèlia Bjalfi. En perroaullador.org

En los antiguos mitos griegos a los solsticios se les llamaba "puertas" y, en parte, no les faltaba razón. La "puerta de los hombres", según estas creencias helénicas, correspondía al solsticio de verano (del 21 al 22 de junio) a diferencia de "la puerta de los dioses" del solsticio de invierno (del 21 al 22 de diciembre).

Tiempo habrá para hablar de este último solsticio y de todos los ritos que se asocian a la Navidad. Ahora nos centraremos en la noche de San Juan, una fecha en la que numerosas leyendas fantásticas son unánimes al decir que es un período en el que se abren de par en par las invisibles puertas del "otro lado del espejo": se permite el acceso a grutas, castillos y palacios encantados; se liberan de sus prisiones y ataduras las reinas moras, las princesas y las infantas cautivas merced a un embrujo, ensalmo o maldición; braman los cuélebres (dragones) y vuelan los "caballucos del diablo"; salen a dar un vespertino paseo a la luz de la Luna seres femeninos misteriosos en torno a sus infranqueables moradas; afloran enjambres de raros espíritus duendiles amparados en la oscuridad de la noche y en los matorrales; las gallinas y los polluelos de oro, haciendo ostentación de su áureo plumaje, tientan a algún que otro incauto codicioso a que les echen el guante; las mozas enamoradas sueñan y adivinan quién será el galán que las despose; las plantas venenosas pierden su dañina propiedad y, en cambio, las salutíferas centuplican sus virtudes; los tesoros se remueven en las entrañas de la Tierra y las losas que los ocultan dejan al descubierto parte del mismo para que algún pobre mortal deje de ser, al menos, pobre; el rocío cura ciento y una enfermedades y además hace más hermoso y joven a quien se embadurne todo el cuerpo; los helechos florecen al dar las doce campanadas...

En definitiva, la atmósfera se carga de un aliento sobrenatural que impregna cada lugar mágico del planeta y es el momento propicio para sentir escalofríos, estremecernos, ilusionarnos, alucinarnos y narrar a nuestros hijos, nietos o amigos toda clase de cuentos, anécdotas y chascarrillos sanjuaneros que nos sepamos.


¿Por qué San Juan Bautista?

San Lucas narra en su Evangelio que María, en los días siguientes a la Anunciación, fue a visitar a su prima Isabel cuando ésta se hallaba en el sexto mes de embarazo. Por lo tanto, fue fácil fijar la solemnidad del Bautista en el octavo mes de las candelas de junio, seis meses antes del nacimiento de Cristo. Desde entonces se señaló esta noche como la de San Juan, muy próxima al solsticio de verano que ha heredado una serie de prácticas, ritos, tradiciones y costumbres cuyos orígenes son inmemoriales en toda Europa y se han extendido por muchos pueblos de América. Lo paradójico del asunto es que el 24 de junio se celebra la fecha del nacimiento del Bautista, que en realidad no debería festejarse porque el dies natalis de los santos siempre fue el de la muerte.

En el Evangelio de San Lucas se cuenta que su padre, el sacerdote Zacarías, había perdido la voz por dudar de su mujer, Isabel, estuviera en cinta. Sin embargo en el momento de nacer San Juan la recuperó milagrosamente, como se lo había predicho en ángel Gabriel. Rebosante de alegría, la tradición religiosa dice que encendió hogueras para anunciar a parientes y amigos la noticia. Cuando siglos después se cristianizó esta fiesta, la noche del 23 al 24 de junio se convirtió en una noche santa y sagrada, sin abandonar por eso su aura mágica.


Solsticio de Verano e Invierno

Hay dos momentos del año en los que la distancia angular del Sol al ecuador celeste de la Tierra es máxima. Son los llamados solsticios. El de verano es el gran momento del curso solar y -a partir de ese punto- comienza a declinar. Antes de cristianizarse esta fiesta, los pueblos de Europa encendían hogueras en sus campos para ayudar al Sol en un acto simbólico con la finalidad de que "no perdiera fuerzas". En su consciencia interna sabían que el fuego destruye lo malo y lo dañino. Posteriormente, el hombre seguía destruyendo los hechizos con fuego.

Se ha asociado esta festividad al solsticio de verano, pero esto tan solo es cierto para la mitad del mundo o, mejor dicho, para los habitantes que viven por encima del ecuador (en el hemisferio norte) ya que para los del sur el solsticio es el de invierno y si me apuran, ni tan siquiera para todos ellos pues esto de San Juan, al menos con este nombre, es patrimonio del mundo cristiano. Aunque no crean que en los países orientales, con ritos y creencias distintas, no se celebran estas fiestas (eso sí, con otros nombres a cual más variopinto) conservando en todas ellas la misma esencia: rendir un homenaje al Sol, que en ese día tiene un especial protagonismo: en el hemisferio norte es el días más largo y, por consiguiente, el poder de las tinieblas tiene su reinado más corto y en el hemisferio sur ocurre todo lo contrario. En cualquier caso al Sol se le ayuda para que no decrezca y mantenga todo su vigor.
Este simbolismo era compartido por pueblos distantes, separados por el océano Atlántico. Es el caso de los viejos incas en Perú. Los dos festivales primordiales del mundo incaico eran el Capac-Raymi (o Año Nuevo) que tenía lugar en diciembre y el que se celebraba cada 24 de junio, el Inti-Raymi (o la fiesta del Sol) en la impresionante explanada de Sacsahuamán, muy cerca de Cuzco. Justo en el momento de la salida del astro rey, el inca elevaba los brazos y exclamaba: "¡Oh, mi Sol! ¡Oh, mi Sol! Envíanos tu calor, que el frío desaparezca. ¡Oh, mi Sol!"

Este gran festival se sigue practicando y representando hoy en día para conmemorar la llegada del solsticio de invierno, con un claro tufillo turístico. Los habitantes de la zona se engalanan con sus mejores prendas al estilo de sus antepasados quechuas y recrean el rito inca tal y como se realizaba (más o menos) durante el apogeo del Tahuantinsuyo.


Orígenes Paganos

Ni que decir tiene que esta fiesta solsticial es muy anterior a la religión católica o mahometana. E incluso, dentro de las distintas prácticas religiosas, no se ha celebrado en la misma fecha.


Uno de los antecedentes que se puede buscar a esta festividad es la celebración celta del Beltaine, que se realizaba el primero de mayo. El nombre significaba "fuego de Bel" o "bello fuego" y era un festival anual en honor al dios Belenos. Durante el Beltaine se encendían hogueras que eran coronadas por los más arriesgados con largas pértigas. Después los druidas hacían pasar el ganado entre las llamas para purificarlo y defenderlo contra las enfermedades. A la vez, rogaban a los dioses que el año fuera fructífero y no dudaban en sacrificar algún animal para que sus plegarias fueran mejor atendidas.

Otra de las raíces de tan singular noche hay que buscarla en las fiestas griegas dedicadas al dios Apolo, que se celebraban en el solsticio de verano encendiendo grandes hogueras de carácter purificador. Los romanos, por su parte, dedicaron a la diosa de la guerra Minerva unas fiestas con fuegos y tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las llamas. Ya entonces se atribuían propiedades medicinales a la hierbas recogidas en aquellos días.

Es curioso que entre los beréberes de África del norte (Marruecos y Argelia) se enciendan el 24 de junio, durante la fiesta llamada ansara, hogueras que producen un denso humo considerado protector de los campos cultivados. A través del fuego se hacen pasar entonces los objetos y utensilios más importantes del hogar. Los beréberes las encienden en patios, caminos, campos y encrucijadas y queman plantas aromáticas. Prácticamente ahuman todo, incluso los huertos y las mieses. Saltan siete veces sobre las brasas, pasean las ramas encendidas por el interior de las casas y hasta las acercan a los enfermos para purificar e inmunizar el entorno de todos los males.

Lo cierto es que esta costumbre beréber de celebrar el solsticio es preislámica porque se basa en el calendario solar, mientras que el musulmán es lunar.

El cristianismo fue experto en reciclar viejos cultos paganos. Lo que antaño se hizo en Baños de Cerrato (a unos cuantos kilómetros de Palencia) es uno de los muchos ejemplos que se pueden esgrimir al respecto. Ya en época romana existían en esta localidad unas fuentes o baños consagrados a las ninfas (hasta el punto de encontrarse un altar dedicado a ellas) cuyas aguas tenían propiedades curativas. El rey godo de Toledo, Recesvinto (siglo VII), llegó hasta aquí y gracias a sus aguas se curó de una enfermedad. Como por entonces ya se había convertido al cristianismo, mandó erigir un templo en acción de gracias y se buscó como patrono a un santo que tuviera algo que ver con las aguas, y todas las papeletas las tenía San Juan Bautista. Este es el origen da la famosa basílica visigótica de San Juan de Baños, en cuyo recinto se celebra la "misa en rito hispano-visigótico-mozárabe", el domingo más cercano a San Juan, declarada de interés turístico.

© Jesús Callejo en Celtiberia.net

Coamhain, Mediosaminos, Là Fhéile Eoin, An Fhéill-Eoin, Gwyl Ifan, Golowan, y Alban Heruin para los druidas, Litha para los Wiccas, aunque la palabra es de origen sajón, incluso Randaghadh que es un término de origen rúnico que significa mitad del verano, son algunos de los nombres de esta festividad.
No existe ninguna certeza sobre una concreta celebración celta para la festividad del solsticio de verano, pero igual que ocurre con los otros solsticios, bien a consecuencias de influencias germánicas, bien a consecuencias de influjos cristianos, la festividad se halla bien asentada en todo ámbito céltico, aunque los paganos celtas actuales insistimos en festejarlo en la fecha astronómica exacta, 21 de Junio del calendario gregoriano, no como viene acaeciendo, el 24 de junio.

Muchos investigadores nos cuentan que Coamhain era la fiesta más importante de los celtas y también la de más derroche, puesto que se festejaba en una época de abundancia. Y la Diosa Madre, en su apariencia de Reina de la Abundancia se encuentra simbólicamente embarazada de una exuberante cosecha, mientras que el Dios Bel o Belenos, su esposo y fecundador, está en el ápice de su virilidad y se muestra en el aspecto de Sol Supremo. Otros apuntan su importancia porque afirman que es la más solemne para los druidas e incluso nos dicen que la piedra en la entrada de Stonehenge, marca la salida del sol en mitad del verano, desde la perspectiva del centro del Crónlech y por ello un lugar de concentraciones y celebraciones ancestrales durante el solsticio de verano.

Sea como sea, y siendo como somos los celtas, observadores de los cambios climáticos y de nuestro entorno que afectan tanto a los aspectos físicos como psíquicos de los humanos, no está de más apuntar, que aunque la importancia de la mitad del verano celta, derive o no derive directamente de alguna tradición asentada, si es un evento en el medio ambiente de mucha consideración, pues es el punto álgido de Samos, el triunfo de la Luz y de su energía.

Una faceta importante del solsticio de verano en diversas comunidades celtas de antaño e incluso actuales, es la construcción de fogatas circulares en algún punto que tuviera alguna importancia ritual, como un pozo sagrado, un cruce de caminos etc., y se encendía en el justo momento del ocaso y se la bendecía para consagrar sus poderes para la protección de los cultivos que estaban creciendo, hoy en día se sigue popularmente el ritual, pero desgraciadamente las personas desconocen su significado. Para estas fogatas se designaba a un miembro de la comunidad para que vigilara su construcción y una vez prendida para que controlara sus llamas, a este individuo se le designaba con el nombre gaélico de “giolla an tiene”, esta persona a su vez también recitaba invocaciones y plegarias sobre las llamas con el fin de que no decrecieran en intensidad y conseguir que la influencia del mágico fuego extendiera su ámbito de influjo a los campos cercanos, donde los cultivos esperaban para crecer satisfactoriamente en bien de la comunidad. Con tal fin, se prendían antorchas y teas de la propia fogata y los mas atrevidos jugaban con el fuego, lanzándolas por el aire, corriendo con ellas a campo traviesa, e incluso haciendo procesiones con antorchas encendidas y encendiendo ruedas y lanzándolas por pendientes.


Estos rituales han persistido hasta nuestros días, si bien los fuegos de artificio han suplantado algo las antiguos rituales, pero consiguiendo a cambio expandir más la atmósfera de fuego y colorido. Conforme la fiesta iba progresando y las llamas de las fogatas iban decreciendo en intensidad, las gentes saltaban por encima del fuego como un ritual más de buscar la bendición de las llamas y su poder para sí mismos. Seguimos celebrando el solsticio con fogatas, igual que antaño, siendo la atracción y el ritual central de la Fiesta. Cuando las llamas crepiten y absorban nuestra atención con su mágica danza, es el momento de meditar en los aspectos más benéficos de la energía del fuego y sobre este día de máxima influencia solar, donde el astro y su influjo es y será protagonista porque nos da su energía, la cual notaremos en nosotros mismos, como en todas las cosas y seres de nuestro entorno.

Podemos incluso encender nuestra propia tea y dirigir nuestra mirada hacia el punto por donde emergerá el sol y cantar algún tipo de invocación celta, llena de alegría y júbilo ante lo que acontecerá. Podemos bailar alrededor de la hoguera, con nuestra antorcha, acercándonos tanto al fuego central como nos permita nuestra piel, para recibir el calor mágico de la hoguera en esta noche ancestral. Recordando que con esta intensidad del calor, el sol, a partir de esta noche irá perdiendo su aspecto nutritivo, y los rayos, conforme pasen los días puedan ser más enérgicos y llegar incluso a sobrecalentar nuestra propia vida y nuestros cultivos, tanto interiores, como los propios de la agricultura, si los tenemos. Una vez que la hoguera se haya extinguido y sólo resten brasas y cenizas aún ardientes, es el adecuado momento de saltar por encima para recibir la última bendición, incluso este salto ritual podemos hacerlo con nuestra pareja como un modo de afirmar que nos sentimos enlazados a su corazón y a sus proyectos y sendero en la vida. O visualizándose si se prefiere un nuevo comienzo que se volverá real, gracias al poder del fuego.

Ahora sólo queda esperar, en silencio y con respeto absoluto la salida del Sol y en el instante que se eleve, cuando nuestros ojos y corazones perciban el primer rayo dorado. Será el gran momento para hacer sonar un gran exclamación de alegría que inunde la estancia, bosque o lugar donde nos hallemos celebrándolo. Que suenen los cuernos y retumben los tambores para dar nuestra cordial bienvenida al Sol, en su día más enérgico y amplio. Y los druidas, que busquen sus varitas en los regalos del bosque entre sus pobladores arbóreos, pues en sus maderas se haya concentrado el mayor poder de la Luz.

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